La nueva política, conocida como "Parole in Place" (PIP), permite a los inmigrantes indocumentados casados con ciudadanos estadounidenses recibir permisos de trabajo temporales y estatus legal. Esta política les permite sortear ciertos obstáculos legales que anteriormente les impedían obtener la residencia permanente si ingresaban al país ilegalmente. Al obtener el parole in place, estas personas podrían eventualmente calificar para obtener la residencia permanente y, posteriormente, la ciudadanía estadounidense sin necesidad de salir del país. Según la Casa Blanca, esta política protegerá a aproximadamente medio millón de cónyuges de ciudadanos estadounidenses y a unos 50,000 menores de 21 años indocumentados cuyos padres están casados con ciudadanos estadounidenses.